Me cuenta mi amigo Manolo M. que su abuelo Jesús M. P., fallecido en 1967, estuvo preso en el barco. Ingresó el 3 de agosto de 1936. Le detuvieron porque figuraba, erróneamente, en una lista como afiliado a Falange, hecho desmentido después por todos sus empleados. Tenía un taller de carpintería en madera y ebanistería en la calle Santa Lucía, nº 20, de Santander. Cuando le soltaron (el 17 de septiembre) fue a buscarle su hijo de 18 años –el padre de Manolo- para acompañarle a casa. Una vez allí, su mujer sacó un Sagrado Corazón que tenía escondido en la carbonera y, de rodillas, hizo prometer a su marido y a su hijo que perdonarían y olvidarían. Promesa que cumplieron pues a Manolo no le contaron casi nada de esta historia. Prefiere no redactar este relato, pero no tiene inconveniente en que lo haga yo.